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viernes, 3 de julio de 2026

El papa católico advierte de los peligros del TECNOFASCISMO y de las posibles intenciones de Donald Trump y su grupo de inescrupulosos de derribar la democracia para imponer una DICTADURA usando INTELIGENCIA ARTIFICIAL entregando el poder a cierto grupo con intereses comunes y corruptos



El Papa León XIV aborda el peligro del "tecnofascismo" y la IA en su encíclica Magnifica Humanitas, con un claro mensaje hacia Donald Trump

Por: Rodrigo Gutiérres González

Ciudad de México, 25 de mayo (SinEmbargo).- Tras publicar Magnifica Humanitas, su primera encíclica, el Papa León XIV puso sobre la mesa del debate público un término poco conocido pero que lentamente va tomando mayor relevancia debido al avance a pasos agigantados de la Inteligencia Artificial (IA): el "tecnofascismo".

El tecnofascismo es el término que se utiliza para describir el uso de las herramientas tecnológicas más avanzadas para imponer una forma de control autoritario. Si bien el el concepto parece nuevo, lo cierto es que proviene de décadas atrás, inclusive del siglo pasado, cuando la velocidad de la tecnología ya encendía alertas.

El Papa no hacer uso textual del término en su encíclica, pero sus preocupaciones sobre la Inteligencia Artificial giran en el sentido de evitar llegar justo al tecnofascismo. Y aunque tampoco lo menciona, es claro que el mensaje en este sentido tiene un destinatario particular: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

"En la era de la Inteligencia Artificial, en la que la dignidad humana corre el riesgo de verse eclipsada por nuevas formas de deshumanización, tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos", escribió León XIV.

La advertencia del Papa sobre el tecnofascismo

La encíclica del Papa León XIV
La primera encíclica del Papa León XIV. Captura de pantalla de la página del Vaticano.

En su encíclica, el Papa advierte que la IA puede aumentar el poder, aún más, de quien ya lo tiene. Estos pequeños grupo de poderosos podrían utilizar esta tecnología para orientar informaciones y consumos, condicionar procesos democráticos e incidir en las dinámicas económicas en beneficio propio.

Y si el poder lo ganan los poderosos, ¿quién lo pierde? Los más vulnerables y así lo expone el pontífice: "Las mismas tecnologías que facilitan la comunicación y el acceso a los recursos pueden sustentar modelos que explotan a los más vulnerables, alimentan nuevas esclavitudes y transforman el conflicto en oportunidad de lucro".

León XIV también alerta sobre un cambio de época donde el poder ya no reside principalmente en los Estados, sino en actores privados y empresas transnacionales, las cuáles son más difíciles de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común, abriendo la puerta a un régimen autoritario o corporativo invisible.

Y ahí entra Donald Trump, quien se ha rodeado de los CEOs más importantes de la industria de la tecnología desde que comenzó su segundo mandato en la Casa Blanca.

Mark Zuckerberg, dueño de Meta, por ejemplo, donó un millón de dólares para el fondo inaugural de Trump y fue el primero en reunirse con el mandatario.

Por su parte, Jeff Bezos, dueño de Amazon, ordenó que su periódico Washington Post cancelara todo tipo de publicaciones que apoyaran a Kamala Harris, durante la campaña electoral.

Sin mencionar el caso más obvio: el de Elon Musk, quien gastó cientos de millones de dólares en la campaña presidencial de Trump y luego formó parte de su gobierno.

No fue coincidencia que el Vaticano invitara a la presentación de la encíclica a Christopher Olah, un ateo y cofundador de Anthropic, una de las principales compañías de IA, pero que ha mantenido su distancia a Donald Trump.

La deshumanización y cómo desarmar a la IA

El camino al tecnofascismo tiene un síntoma: la deshumanización, una que advierte el Papa León XIV parece intensificarse debido a la Inteligencia Artificial.

El Santo Padre utiliza la imagen bíblica de la Torre de Babel para exponer su punto: "La idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos. Este es el riesgo de la deshumanización".

Como respuesta, el Papa exige dos acciones inmediatas: primero, generar un código ético sometido a criterios de justicia social compartida porque no sirve una IA más moral si esa moral la deciden unos pocos.

Y después: desarmar a la Inteligencia Artificial. Para el pontífice, lo ideal es separar a la IA de  de la lógica de la competencia militar, económica y cognitiva para así sustraerla de los monopolios e impedir que domine al ser humano.

Fuente:

 Fuente: https://www.sinembargo.mx/4810353/que-es-el-tecnofascismo-la-amenaza-que-el-papa-advierte-sobre-la-ia-en-su-enciclica


ww.sinembargo.mx  Qué es el tecnofascismo, la alerta del Papa sobre la IA

 on AI, Surveillance & Autonomous Weapons | DW News


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jueves, 2 de julio de 2026

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Palantir y la democracia

El manifiesto de Alex Karp apunta que la gran potencia rival de EE UU, China, juega con ventaja por el hecho de ser una dictadura


Palantir y la democracia | Opinión | EL PAÍS

Hay una vieja historia de Raymond Aron, el politólogo francés y el gran liberal clásico en la cultura política del Hexágono. Él mismo la cuenta en sus memorias. El joven Aron acaba de regresar de una temporada de estudio en Alemania y ha vivido el ascenso del nacionalsocialismo y el nombramiento de Hitler como canciller. Por mediación de un conocido, un alto funcionario del Ministerio de Exteriores francés se interesa en hablar con él para tener un testimonio de primera mano sobre la situación en Alemania. Aron le hace un alarmado relato de lo que ha visto, de la agresividad de los camisas pardas, del hostigamiento descarado a los judíos. Estamos en 1933. El hombre le escucha con mucha atención. Cuando ha acabado le dice: “Todo lo que me ha contado es terrible. Pero piense que yo tengo que informar al ministro de lo que me acaba de decir. Mi pregunta es: ¿Qué haría usted con esta nueva Alemania si estuviese en su lugar?“. Y confiesa que se quedó sin saber qué responder.

Aron extrajo de esta experiencia una lección válida también para nosotros: es bueno para la teoría, el análisis y el comentario político —e incluso para la filosofía política en general— ponerse en el lugar del que tiene que tomar decisiones y no encapsularse en los grandes principios o cuadrar en la teoría lo que no siempre es fácil de cuadrar en la realidad. Es un ejercicio de realismo intelectual exigente y estimulante. En cualquier caso, recordar este principio —¿qué haría usted si estuviese en el lugar de…?— viene a cuento del muy comentado manifiesto de 22 puntos que Alex Karp, el consejero delegado de Palantir, colgó el pasado 18 de abril en la red X.

A estas alturas, las 22 tesis han sido analizadas y comentadas con profusión. También han sido calificadas de “tecnofascismo”, o de “ciberfascismo”, y se le ha reprochado a Palantir que ponga en riesgo el futuro de la humanidad con la inteligencia artificial aplicada a la guerra. Las reacciones han sido de alarma y de escándalo. Si su autor, presumiblemente Alex Karp, pero no solo él, quería ser noticia, lo ha logrado con creces. Ahora bien, cualquier ciudadano puede leer con atención esas 22 tesis, las encontrará en la Red en todos los idiomas, y decidir por su cuenta hasta qué punto la alarma está justificada o ha habido una cierta sobrerreacción.

También es difícil esperar de una empresa que produce software para defensa, vigilancia y armamento que se exprese de otro modo. Pueden no gustarnos ese tipo de empresas, naturalmente. Las consecuencias de sus productos están a diario en los noticiarios para horrorizarnos con una letalidad de la que parece no responsabilizarse ya nadie, pues es el software el que toma las decisiones que ejecuta el hardware con supuesta precisión quirúrgica. Nos escandaliza además que estas empresas tengan discurso, que exhiban ideología. ¿Acaso son preferibles cuando solo piensan en el dinero? Y aquí es oportuna la pregunta que descolocó al joven Raymond Aron: si usted tuviese responsabilidades en la gestión política y militar de un ejército, y asumiendo que la defensa forma parte de la lógica estatal de los regímenes democráticos, ¿qué haría si le ofreciesen un software que garantizase la máxima eficacia estratégica, defensiva —o disuasoria— y logística combinada con la máxima seguridad para sus tropas? Tanto la OTAN como el Ministerio de Defensa de España saben cómo responder a esta pregunta, pues son clientes de Palantir.

Es sabido que las 22 tesis son un resumen muy quintaesenciado de La república tecnológica, el libro que Alex Karp publicó en febrero de 2025 firmándolo con Nicholas W. Zamiska, jefe de los servicios jurídicos de Palantir. Una pregunta que merece hacerse es por qué precisamente ahora, 14 meses después de la publicación del libro, Karp necesitaba refrescar y publicitar algunas ideas cruciales del mismo. ¿Acaso porque en plena guerra contra Irán la compañía había tenido una caída en bolsa, muy probablemente transitoria, y exhibir su posición política en un momento exigente era un modo de mostrar músculo? Cuando se publicó La república tecnológica, Gideon Lewis-Kraus le dedicó una reseña en The New Yorker calificando el libro de anacronismo. Acababa de ponerse a la venta —fue un éxito en Estados Unidos— y su momento parecía haber pasado. Era en cierto modo el plan B de Palantir por si ganaba Kamala Harris, en el bien entendido de que el plan A era Trump y el discurso apocalíptico de Peter Thiel, mucho más duro, más reaccionario-libertario —como él mismo se autodefine— y mucho menos comercial y seductor que el utilizado por Karp y Zamiska. Thiel es la estridencia radical, tenebrosa y tartamudeante que está detrás del vicepresidente Vance. Karp en cambio es la mano de hierro convenientemente enguantada. Pero hay un punto decisivo en el que se ve la coincidencia, por mucho que el tono sea distinto. En La república tecnológica se dice claramente que las exigencias geopolíticas obligan a reconocer que la gran potencia rival, China, juega con ventaja por el hecho de no ser una democracia, del mismo modo que Estados Unidos juega con ventaja frente a Europa por las posibilidades de una actividad empresarial y tecnológica mucho menos regulada. En un texto muy citado de 2004, The Straussian Moment, Peter Thiel lo dijo de un modo que ha de leerse dos veces para saber que se ha entendido bien: “O perdemos nuestra identidad, o perdemos la guerra”. En 2004 la némesis era el yihadismo. La identidad que había que perder para ganar la guerra era la de los valores ilustrados y el respeto a los derechos humanos. Para vencer a un enemigo brutal había que asumir la exigencia de una brutalidad mayor que la del enemigo. En 2025 el antagonista es China. Para poder enfrentarse a un rival que no tiene las manos atadas por los derechos humanos y las exigencias políticas de una democracia hay que aflojar las ataduras. Este es el mensaje inquietante que con tonos distintos comparten Thiel y Karp, presidente y consejero delegado respectivamente de Palantir. Y me temo que ninguno de los 22 puntos del supuesto manifiesto es tan claro al respecto. Ni tan siquiera el punto IV, el que invoca el hard power (poder duro) para defender la democracia, llega a tratarla de hándicap geopolítico.

Y ahora vuelvo a la cuestión de Raymond Aron: ¿qué haría usted si tuviese el potencial tecnológico de Palantir, si estuviese en su lugar, esto es, en Estados Unidos, y temiese además quedarse a la zaga en la rivalidad con China? En la Guerra Fría la democracia daba un sentido al enfrentamiento con el bloque soviético. La democracia no era incompatible con la libertad —como ahora quiere Thiel que lo sea—. ¿Cómo lograr entonces que en la agresiva carrera tecnológica entre Estados Unidos y China la democracia siga siendo un valor distintivo y no una traba? En 1996 el filósofo italiano Emanuele Severino dijo que la técnica suponía el final de la buena fe porque las razones técnicas habían ocupado el lugar de las razones morales. Es una afirmación tan exagerada como, desgraciadamente, verosímil en tiempos exagerados e imprevisibles como los actuales. La pregunta entonces que nos pide que nos pongamos en un lugar real es cómo lograr que, echada a perder la buena fe —y por tanto en el imperio de la mala fe—, no decaigan también las buenas leyes que sustentan una democracia. El funcionario francés que escuchó al joven Aron en 1933 podía tener dudas. Posiblemente ya las tuvo menos en 1938. Y en 1940 o era pétainista o estaba haciendo las maletas.

EFTA00615480.PDF Donald Trump & Jeffrey Epstein Complaint / https://www.justice.gov/epstein/files/DataSet%209/EFTA00615480.pdf

 






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